La Colección

Olga Khokhlova<br>con mantilla
Barcelona, verano-otoño 1917
Óleo sobre lienzo, 64 x 53 cm
Colección particular. Cortesía 
Fundación Almine y Bernard 
Ruiz-Picasso para el Arte

Zervos, vol. III, 15

Olga Khokhlova
con mantilla

Invitado por Sergei Diaguilev y los Ballets Rusos a diseñar el vestuario y los decorados del ballet Parade, coreografiado por Léonide Massine sobre libreto de Jean Cocteau y música de Erik Satie, Picasso viajó en febrero de 1917 a Roma, donde conoció a la bailarina rusa Olga Khokhlova. Después de la gira italiana, que vio los comienzos del idilio de Olga y Picasso, la compañía viajó a París, donde Parade se estrenó el 18 de mayo en el Théâtre du Châtelet, y de allí pasó a España. Picasso se les unió en Madrid, y a comienzos de junio se instaló en Barcelona, donde vivían su madre, doña María, y su hermana Lola, casada con el médico Juan Vilató. Allí también volvió a ver a viejos amigos, pintores y críticos catalanes, y compartió un estudio con Rafael Padilla. Los Ballets Rusos actuaron en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona del 23 al 30 de junio: Olga encarnó unos diez papeles, entre ellos los principales de dama de honor en Les Ménines y Felicia en Les Femmes de bonne humeur, dos ballets originales de Massine. Aunque había cosechado grandes elogios tanto del coreógrafo como del propio Diaguilev y tenía por delante una carrera prometedora en la compañía, decidió no participar en la gira sudamericana y quedarse con Picasso. El artista la había presentado a su familia como su prometida y, para significar el compromiso, pintó Olga Khokhlova con mantilla, primer retrato al óleo conocido de la joven. Como gesto simbólico, Picasso se lo regaló a doña María.

El tema de la maja con mantilla, presente en su obra desde 1899, enlaza a Picasso con los grandes maestros españoles. Estimulado por su regreso a España y una probable visita al Prado en Madrid , había pintado un gran retrato con mantilla de Fatma, la modelo y amante de Padilla, en el que mezcló dibujo de líneas y aplicación puntillista del color. Después hizo posar a Olga con un tapete bordado con flecos en lugar de una auténtica mantilla , decisión sorprendente pero que recalca su deseo de mostrar a su joven prometida rusa ataviada a la española. Olga estaba acostumbrada a disfrazarse, no sólo en el trabajo sino también por diversión. Como ha señalado Javier Vilató, esa prenda elegida aparentemente sobre la marcha convenció a Palau i Fabre de que la pintura no se hizo ni en el estudio ni en la casa familiar de Picasso, lugares donde habría sido fácil procurarse una mantilla, sino en la pensión Ranzini, donde se alojaban los bailarines, los músicos y el director, Ernest Ansermet. Esa pensión, situada frente al mar en el número 22 del paseo de Colón, muy cerca del monumento al navegante, equidistaba de la casa de doña María, donde se alojaba Picasso (en el número 3 de la calle de la Mercè), y del Liceo, situado en las Ramblas.

El balcón de la habitación de Olga en la pensión se convirtió en lugar favorito de trabajo para el pintor, que dibujaba por turno a su compañera y la vista del monumento a Colón. En cuanto tema típico español, el balcón recuerda también el atractivo de los pintores españoles para los artistas franceses del siglo XIX, desde Manet hasta Caillebotte. Existen varias fotografías de modelos, incluida Olga, posando en el estrecho espacio, y una muestra al artista presentando a la cámara Olga Khokhlova con mantilla cuando aún lo estaba pintando. La figura de Olga, retratada en el formato tradicional de tres cuartos, aparece ahí casi terminada. El fondo, realizado con pinceladas rápidas en el lado izquierdo del lienzo, revela en el lado derecho lo que parece ser un detalle arquitectónico, un marco de ventana o el arco de una columnata. ¿Está Picasso retratando a su modelo en el balcón de la pensión, o piensa ya en situarla en el ambiente de una plaza de toros, como iba a hacer con los personajes del telón de El sombrero de tres picos? Debió de renunciar a ambas ideas, ya que lo único que vemos hoy son dos molduras verticales detrás de Olga: ha aislado a su protagonista recubriendo el fondo con una capa fina de verde y ocre que recuerda los fondos neutros preferidos por los pintores españoles, y en particular por Velázquez. La redondez del rostro de Olga, atenuada en la versión final, instaura una severidad casi religiosa. La atención minuciosa a sus rasgos, así como a la improvisada mantilla, es característica del naturalismo que Picasso venía reexplorando desde 1914. El asunto, la falta de profundidad –acentuada por los contornos del busto– y la paleta apagada, muy alejada del colorista retrato de Fatma y sólo débilmente animada por el empleo intermitente de pintura rosa en la cara de Olga y el rojo de sus labios y del bordado, todo es congruente con el realismo español .

Parece verosímil que la intención de Picasso de regalarle el retrato a su madre, unida a su presencia en Barcelona, expliquen su elección de estilo; no deja de ser significativo que otros pintores exiliados en la ciudad catalana durante la guerra, como Sonia y Robert Delaunay, también se inclinaran entonces por el retrato naturalista. Picasso, lejos de rechazar el cubismo, que en esas fechas era ya un movimiento internacional, seguía experimentando, y abordaba desde su particular lenguaje artístico formas que eran a la vez vitales y constantes. Dejando el ambiente cerrado del estudio-laboratorio de los años cubistas, una vez más se abría al mundo exterior para concentrarse principalmente en el retrato y el desnudo, sobre todo a través de su contacto con los Ballets Rusos y su redescubrimiento del arte de la Antigüedad desde el viaje a Italia. Mientras realizaba sus estudios naturalistas de Olga en el balcón acabó también un dibujo de ella con mantilla (colección particular), en el que el contrapunto de las líneas horizontales y verticales de la barandilla, la contraventana de madera y los mástiles visibles en el fondo es un eco de los planos del léxico sintético . Cuando Olga posaba en el balcón de su hospedaje, estaba ocupando su sitio de forma natural en la malla de líneas geométricas que Picasso reproduciría en sus estudios cubistas. Desde 1915, el artista venía meditando sobre cómo reunir dos estilos opuestos, de suerte que fuera posible integrar "el cubismo y la tradición" , y la transición de un estilo al otro, efectuada a través del motivo del balcón, confirma su interés por la "ventana abierta al mundo", un tema al cual dedicaría una extensa serie de acuarelas y dibujos en Saint-Raphaël en 1919. En ellos iba a combinar íntimamente composiciones de interior, paisajes, cubismo sintético y tratamiento ilusionista .

Tras una estancia de cuatro meses en Barcelona, Olga y Picasso regresaron a Francia a finales de noviembre. El 12 de julio de 1918 celebraron su boda en París. Que sepamos, el retrato de Olga Khokhlova con mantilla, que no figura en las retrospectivas picassianas de 1932 ni en la de 1939 , fue reproducido por primera vez en 1930 por el escritor y crítico catalán Eugenio d'Ors . En esa época, el cuadro seguía estando en Barcelona, y probablemente permaneció en la familia del pintor hasta la muerte de doña María en 1939. En 1946, Alfred Barr lo da como "antes en la colección de la madre del artista" , pero no se sabe cuándo volvió a tenerlo Picasso, que se lo regaló a su hijo Paulo y la esposa de éste, Christine, en 1962 o 1963 . Es una pintura estrechamente ligada a los orígenes del artista por su asunto, por sus fuentes históricas y por la calidad de su ejecución.

Cécile Godefroy en Pablo Picasso: 43 Obras (FMPM.LPCBRP y FABA, 2010, p. 44-48).

  • Olga Khokhlova<br>con mantilla
  • Frutero
  • Madre y niño
  • Acróbata
  • Mujer con los brazos levantados
  • Naturaleza muerta con cráneo y tres erizos
  • Jacqueline sentada
  • Bañista
  • Mosquetero con espada
  • Pequeña figura
  • Bañista jugando
  • Insecto