La Colección

Acróbata
París, 19 enero 1930
Óleo sobre tabla, 69 x 59 cm
Fechado en el reverso: 19-I-XXX
Colección particular. Cortesía 
Fundación Almine y Bernard
Ruiz-Picasso para el Arte

Zervos, vol. VII, 308

Acróbata

Durante el invierno de 1929, Picasso revisitó el tema de los acróbatas de su "época rosa", pintando seis variaciones sobre el mismo. El orden cronológico de la serie está establecido por las fechas que anotó en el reverso de los cuadros y por dibujos conexos. El primer cuadro, pintado en noviembre de 1929, fue El acróbata azul (Musée Picasso, París): la obra presente y su pareja, pintadas sobre tabla al dia siguiente; El pintor, terminado el 20 de enero, y por último Composición, del 21 de enero.

Anticipos de la serie habían sido Minotauro (1 enero 1928; Musée national d'art moderne, París) y La nadadora (1929; Musée Picasso, París), los primeros seres fantásticos que ocuparon toda la extensión del lienzo. Son figuras equiparables a las del Apocalipsis de Saint-Sever, del cual la revista Documents reprodujo algunas imágenes en mayo de 1929. Otra posible fuente visual, menos conocida, es el grabado de una figura femenina del templo de Hathor en Dendera, reproducido en un libro perteneciente al artista: los miembros extendidos del desnudo femenino componen ahí un puente circunscrito a un marco arquitectónico, de la misma manera que los miembros desproporcionados y carentes de volumen de la Mujer acróbata están físicamente contenidos por las molduras de la tabla de madera.

La inspiración original para la serie de Acróbatas de Picasso pudo ser el circo Mëdrano, pero también evolucionaron a partir de los dibujos de bailarines que había hecho en 1924 y 1925. Durante el invierno de 1929, el motivo circular del pas de deux pasó a ser una sucesión de siluetas con escudo y daga. del mismo modo, la caprichosa disposición de esta figura –sin cuerpo central, con la cara contra la nalga, la pierna derecha extendida y la izquierda doblada, los dos brazos firmemente paralelos – la presenta en un movimiento de rotación sin fin, y además parece sugerir la posibilidad de hacer girar la propia obra: el cuadro puede ser, en efecto, rotado y visto sobre los cuatro lados. Esta rara cualidad, también evidenciada en los dibujos posteriores y confirmada por la presencia de dos dibujos posteriores y confirmada por la presencia de dos mujeres acróbatas juntas sobre el mismo lienzo, en El pintor, del 20 de enero, remite una vez más al arte antiguo, que para Picasso era "un arte vivo", en el que la decoración es visualmente enriquecedora, sin necesidad de explicación escrita. Encerrado por un grueso contorno negro aplicado con rapidez, el blanco ligero y aéreo de la figura contrasta con el gris espeso del fondo, y esa tensión acentúa el efecto de ingravidez de Acróbata, mientras que las huellas de alteraciones y la textura de la tabla de madera, visibles a través de la capa de blanco, potencian la vitalidad dinámica de la obra. 

En el debate que desde 1929 enfrentó a André Breton con el grupo disidente reunido en torno a Georges Bataille y la revista Documents, un tema de discusión candente fue el de si Picasso debía contarse o no entre los surrealistas. Fue la serie Acróbatas lo que Michel Leiris escogió concretamente para reproducir en 1930 en Documents con el fin de desmentir cualquier nexo de Picasso con el surrealismo y afirmar, por el contrario, la cualidad “real” de sus figuras: “Seres ciclópeos sin duda, pero naturales, y tanto más hermosos y conmovedores por ser tan fieles a la realidad”. Esta afirmación sería después corroborada por el artista, que diría: "Yo nunca he estado fuera de la realidad".

Cécile Godefroy en Pablo Picasso: 43 Obras (FMPM.LPCBRP y FABA, 2010, p. 96-97).

  • Olga Khokhlova<br>con mantilla
  • Frutero
  • Madre y niño
  • Acróbata
  • Mujer con los brazos levantados
  • Naturaleza muerta con cráneo y tres erizos
  • Jacqueline sentada
  • Bañista
  • Mosquetero con espada
  • Pequeña figura
  • Bañista jugando
  • Insecto