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1906-1914 Cubismo: Cuerpos

La revolución cubista comenzó en 1907 con la brutal simplificación que llevó a cabo Picasso en las figuras de Las señoritas de Aviñón. En los dos años siguientes, condensó el cuerpo en curvas y lo dividió en facetas. En 1910-1912 se despidió de la anatomía convencional, transformando el cuerpo en un marco abierto de planos, conos y cilindros.

PICASSO: “Vi que ya estaba todo hecho. Era necesario romper para hacer la propia revolución y volver a empezar de cero. Me obligué a ir hacia el nuevo movimiento. El problema es cómo pasar, cómo soslayar el objeto y dar una expresión plástica al resultado”.

[Alexander Liberman, extraído de “Picasso”, Vogue. Nueva York, noviembre de 1956]

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Esta pequeña pintura sobre lienzo representa un desnudo de pie: al menos eso es lo que nos dice el título descriptivo, seguramente añadido a posteriori por alguno de los marchantes, coleccionistas o estudiosos de Picasso. Sin la ayuda del título, el espectador quizá no percibiría ningún contenido representacional, sino una composición de formas, colores y líneas que parece enteramente abstracta. Enfrentados a la tarea de describir una obra así, enumeramos cualidades más que objetos estables o temas: en primer lugar, una serie de líneas rectas de pintura negra —algunas diagonales, otras más o menos ortogonales— que componen una trama o retícula; después, unas pocas curvas esquemáticas distribuidas aquí y allá; en tercer lugar, una paleta casi monocroma de tonos terrosos, y, por último, zonas de sombreado o claroscuro que parecen flotar sueltas, no delimitadas por contornos. 

Este modo de pintar encarna el cubismo en su expresión más hermética. En este momento, más o menos entre 1910 y 1911, el arte de Picasso pone a prueba los límites externos de la mímesis —la imitación visual de la apariencia del mundo— y se acerca a la abstracción como jamás lo volverá a hacer. De hecho, siempre criticó la presunción de muchos artistas que afirmaban haber eliminado de su arte el asunto; según él: “Es una broma suprimir el asunto; es imposible” . Sin embargo, hablando mucho tiempo después con su amante Françoise Gilot, Picasso confesaba su interés por una forma de pintura fiel a su propia lógica interna más que a la apariencia visual de los objetos en el mundo. Escribe Gilot: “Dije a Pablo que yo creía que nadie había hecho la pintura no figurativa mejor que él”. Picasso se mostró de acuerdo, y refiriéndose a su arte durante la fase de Composición cubista (Desnudo de mujer de pie) señaló: “En aquel período yo pintaba por el placer de pintar. Era realmente pintura pura y la composición se hacía como tal composición”

Lo cierto es que, a pesar de ocasionales proclamas, el cubismo de Picasso se definía por un tira y afloja entre abstracción y figuración que no permitía imponerse a ninguna de las dos tendencias. Aunque Composición cubista esté formada por una red de marcas abstractas, como las curvas en media luna o los picos triangulares, que parecen flotar sin sujeción a las aguadas de pardo, blanco y negro circundantes, no se puede negar que en la obra actúa una lógica figurativa. Todas esas formas confluyen en una zona de densidad pictórica en el centro de la composición, que se define por su orientación vertical de manera suficiente para sugerir la verticalidad de un cuerpo humano en pie. En la obra de Picasso, la tarea del espectador de extraer significado de signos presuntamente no naturalistas pasó a ser el motor del interés visual. Por más que él se negara a contemplar la posibilidad de un arte puramente no representacional, su cubismo proporcionó el instrumental necesario para que una serie de artistas, de Francis Picabia a Piet Mondrian, de Sophie Taeuber-Arp a Sonia y Robert Delaunay, desarrollaran el arte de la abstracción. 

Fuente: Texto de Trevor Stark: “Compisición cubista /Desnudo de mujer de pie)”. En Catálogo Pablo Picasso. Nueva colección 2017-2020, pp. 106-107.